La cacería de la muerte

Quien me invitó a ir de cacería fue uno de mis mejores amigos. ¡Ay! ¡Cómo se me encoge el alma al recordar el destino del pobre desdichado! Pero no era una cacería cualquiera. Cuando salimos del pueblo caminamos durante toda la jornada hasta que nos adentramos en las montañas heladas...